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 ¿Por qé los ángeles descienden sólo a morir?

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SAKURA-CHAN
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Localización : EN LA CIUDAD DE LAS BAJAS PASIONES
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MensajeTema: ¿Por qé los ángeles descienden sólo a morir?   Mar Jun 01, 2010 10:45 am

Pues este cuentillo raro me lo tuve qe aventar en una clase del semstre pasado, en meda hora, asi qeu no pidan mucho.. El hecho de estar apurada me hizo escribir esto... ademas de qe estaba aburrida y para varias sí hice un trabajo... jiji



¿Por qué los ángeles descienden sólo a morir?
SAKURA

Cuando la primera gota brillante y transparente cayó sobre la roca parda, se escuchó un suspiro. Cuando la gota chocó con la roca y se partió en partes más pequeñas, una capa traslúcida se elevó de ese lugar y debajo de ella emergió una chica de piel pálida y cabello rojo.
La chica pelirroja abrió los ojos estando aún de rodillas sobre el húmedo suelo, sus ojos dotados de unas hermosas pestañas tenían un tono grisáceo, casi verde, y de sus frágiles muñecas brotaba un hilo de sangre. Su ropa era un sencillo vestido blanco de seda, estaba descalza. Suspiró nuevamente y se puso en pie con la lentitud que su exquisito cuerpo le permitía.
La manta traslúcida de la que había salido seguía sujetada a su espalda, e incluso siendo difícil de ver, daba la impresión de conformar un par de pequeñas alas desgarradas.
Miró a su alrededor con profunda tranquilidad y se inundaron sus ojos de lágrimas, con un lento parpadeo esas gotas resbalaron por su rostro y cayeron sobre la roca que estaba a su lado.
Hacía frío y ella caminaba sobre las plantas cuidadosamente, meneaba la cabeza hacia los lados cada cierto tiempo, como si buscara algo. Anduvo cabizbaja luego de un rato, pues no había logrado encontrar lo que buscaba; su rostro se había vuelto sereno y triste, pero sus ojos se habían llenado de una intensa tristeza, de un dolor profundo, de decepción.
Se vio obligada a detenerse, por ir cabizbaja había topado con alguien; notó sus zapatos negros y alzó su rostro ahora recorrido de gotas tristes para ver a quien estaba frente a ella. Su mirada buscaba compasión ante el hombre, pero al verlo con detenimiento, su rostro se iluminó de pronto, sonrió tímidamente y no apartó la vista de aquella oscura mirada.
El hombre le devolvió la sonrisa y se disculpó con ella.

-Lo lamento ha sido culpa mía. Estaba distraído.
-¿Por qué?- preguntó la chica.
-Porque pensaba en lo que me hace falta, algo que me hace sentir un vacío por dentro, aquí- dijo el hombre tomando la mano de la chica y colocándola en su pecho, sobre su corazón- justo en este lugar se siente.
-¿Por qué?- respondió aún con la mano sobre el pecho del hombre.
-Porque algo me falta y no sé como encontrarlo, porque a pesar de los cumplidos y las cosas que me dicen todos alrededor, me siento triste, me siento hueco.
-¿Y sabes lo que buscas?
-No. Bueno, quizá si, pero es algo que yo no conozco y nunca he tenido…
-¿Qué es?-preguntó ladeando la cabeza.
-Me tomarás por un loco y te reirás, pero, creo que es… amor...
-¿Y por qué lo buscas?
-Porque me hace falta, porque quiero amar y ser amado, quiero que esa persona conozca el dolor que se siente estar solo por tanto tiempo, que me permita protegerle y curar juntos las heridas que hay dentro…
-¿El dolor que sientes es malo?- insistió la chica.
-Duele, sólo eso; no es malo ni bueno, te lastima, te hiere, te vacía poco a poco, es un dolor que deseo que se vaya…
-¿Entonces el amor cura el dolor?
-Sí, para mi es algo que se ha vuelto difícil de encontrar y cansa, pero la necesidad me obliga a buscarlo…
-¿Porqué lo buscas aún?
-Porque es algo que necesito hallar para ser… feliz, para poder vivir.
-¿Y cómo es?
-No lo sé. Sólo quiero encontrarlo pronto.
Un silencio cómodo se posó entre los dos, un lento suspiro hizo que el hombre se diera cuenta de que ella estaba descubierta y descalza; se quitó la chaqueta y la colocó en los hombros de la chica, le tomó la mano y la guió hacia una banca cercana. –Que cálida- pensó para sus adentros -Que piel tan suave, que agradable sensación.- Él fijó su mirada sobre el color tan peculiar de los ojos de ella, se dio cuenta de las huellas de lágrimas en su rostro y se sentó a su lado.

-¿Tienes frío?
-No.
-Espero que mi chaqueta te cubra bien. ¿Vives por aquí?
-Esta es la primera vez que vengo.
-¿De dónde eres?
-De un lugar del que jamás se me había permitido venir.
-¿Y entonces cómo llegaste aquí?
-Porque me dieron permiso.
-¿Quién te dio…? aguarda, tienes sangre en las manos.
-Ah, eso. Es el pago que tuve que hacer porque me permitieran salir.
-¿Cuántos años tienes?
-Tú tienes 23.
-Si. Pero no te pregunté la edad que tengo, sino la tuya.
-Amm… 23.
-¿Quién te hizo esto?- preguntó asustado el hombre sujetándola por las muñecas.
-Nadie, fue un pago que hice por venir aquí.
-Dime la verdad.
-Esa es la verdad. Créeme.
-Entonces, ¿cómo te llamas?
-Lluvia.
-Lluvia mucho gusto.
-Tú te llamas Áluta.
-Si. ¿Cómo supiste?
-Me gusta tu nombre.
-Gracias…
-Y ¿qué haces caminando Áluta?
-Salí a pensar, el frío me hace bien. Por cierto, disculpa que haya sido tan sincero contigo, seguramente te pareció igual de extraño que te contara todo eso en la primera plática…
-Yo ya te conocía.
-¿Enserio? ¿De dónde?
-Siempre te veo.
-¿A caso ya nos habían presentado?
-No.
-Yo nunca olvidaría uno ojos como los tuyos.
-Ah…- se agachó un poco Lluvia.
-¿Qué ocurre?
-Recordé que estaré aquí sólo hasta mañana a las 7:41, y no quiero irme.
-No te vayas entonces.
-No puedo decidir eso, lo prometí.
-¿Y te veré de nuevo?
-No lo sé. Ahora debo irme porque comenzará a llover.
-Eso parece. ¿Te puedo acompañar a tu casa?
-Yo no vivo aquí. No tengo donde quedarme.
-Pues yo tengo una habitación libre en mi casa, por si quieres, te podrías quedar ahí.
-De acuerdo.
Ella miró por un instante el piso, alzó su rostro y admiró con detenimiento a aquel hombre que estaba a su lado: miró sus elegantes zapatos, el negro pantalón bien cuidado, la camisa azul ajustada perfectamente a su figura realzando su masculinidad, sus labios rosados, esa nariz, los ojos oscuros y esperanzados, el cabello negro… Era tal como lo había visto siempre.
Se pusieron de pie y ella le acarició “accidentalmente” la mano. Su calor era agradable, era más de lo que ella se imaginaba.
La chaqueta negra se resbaló de los hombros de Lluvia y cayó sobre la banca, pareció no haberse dado cuenta entre tantos pensamientos acerca de él. Una brisa fría y húmeda trajo consigo la caída de gotas intensas, un escalofrío les recorrió al mismo tiempo.
Caminaron por un montón de calles bajo la constante lluvia, pasando por un parque extrañamente desolado por el frío, vieron como uno de los columpios se meneaba arrítmicamente con el viento y la lluvia, hasta que luego de trece calles llegaron a la casa.
Pasaron a la sala y Áluta se sacudió el cabello, su camisa se le había pegado al cuerpo por el agua, se veía… encantador. Lluvia estaba igual de mojada pero no hizo ademán alguno por sacudirse el agua, ella lo contemplaba en un tímido silencio de pie junto al buró.
Áluta fue al baño y trajo una toalla para darle a Lluvia. Se secó el cabello con una aletargada calma y por el ofrecimiento de tomar una ducha aceptó. Al entrar en el cuarto de baño se quitó con cuidado el vestido blanco mojado, lo dejó en el piso y entró a la ducha. Abrió las llaves hasta que el agua quedó perfecta y se posó bajo el chorro con los ojos cerrados; disfrutaba cada gota resbalando por su piel tersa y fría, le gustaba la sensación de lo cálido en su cuerpo, un deleitante y nuevo sentir.
Al terminar pensó que no podía usar el vestido mojado, así que salió desnuda a preguntar por algo de ropa que le pudiera prestar su nuevo anfitrión. Áluta la contemplaba con ternura y sonrojo, le causaba una extraña sensación, de que era demasiado inocente y que debía cuidarla. Fue a su habitación a traerle ropa y se la extendió en un gélido movimiento aún sonrojado.
Luego de cambiarse fueron juntos a la cocina por un plato de cereal y un mofin y comieron en silencio. Al terminar Áluta encendió la chimenea, pues el frío había aumentado incluso dentro de la casa y Lluvia se sentó a contemplar el fuego.

-¿Y qué haces aquí Lluvia?
-Tú lo sabes. Vengo a curar algo… un vacío.
-¿De qué hablas?
-Sólo estaré aquí hasta mañana, a las 7:41 p.m. tendré que irme, ya te lo había dicho. Hoy estoy aquí por ti. Te sientes vacío y yo vengo a quitarte esa sensación. Te sientes solo y yo vengo a acompañarte…
-¿Por qué?- preguntó con delicadeza.
-Porque siempre te veo. Te conozco muy bien. Conozco tus miedos, tus alegrías, tus sueños, tu dolor. Sé lo que haces; yo sé de ti más que tú mismo. Sólo hace falta que tú te conozcas, que yo aleje lo que te daña.
-No entiendo.
-Yo soy Lluvia Celeste, me entristece verte sufrir día y noche, vine porque tus lágrimas me duelen.
-¿Cómo sabes eso?
-Vine a encontrarte, vine a amarte.
Beso.
Un beso dulce y misterioso, tímido, que te hace llorar, que las lágrimas sean infinitas, que cura las heridas, que llena el vacío con alegría.
Contacto de labios… Dulce agonía…
Imposible adiós… Eterna alegría…
Cálido aliento… Adicción saludable…
Corazón contento… Sensación agradable…

La vida no es así, la vida es muy valiosa. Es más agradable cuando se sabe vivir, cuando se juega como cuando pequeño, cuando se sueña sin límites… Es más agradable que cuando se llena de obligaciones y deberes…
Todo es real, el dolor y la alegría… Las acciones en el mundo son lo que te llenan de felicidad, incluso si crees que carecen de sentido, siempre lo tienen.
Tus sueños te hacen conocerte mejor, tus ilusiones y fantasías te dicen lo que en verdad quieres…
Apenas ha transcurrido un instante del beso y todo ha pasado por su mente. Fin del beso.

-¿Por qué…?
-Por necesidad.
-¿Tuya o mía?
-Ambas.
-¿Tú eres un…?
-Ángel. Lluvia Celeste. Sólo he venido aquí por ti, vine a verte y a consolarte, a amarte.
-¿Tú me veías por las noches al dormir, verdad?
-Si.
-¿Tú me salvaste la vez que…?
-Si.
-Siempre haz estado a mi lado, a lo lejos…
-Tan cerca que deseaba tocar tu piel, tan lejos que nunca pude por más que lo intentaba… Tan lejos que dolía.
-¿Y ahora?
-He dado mi inmortalidad por estar contigo un instante, por poder rozar tu piel y verte de frente, conocerte, poder sentirte.
-¿Tú estas…?
-Enamorada de ti. Desde siempre, lo sentías y sabías que nos encontraríamos, de algún modo…
-Me conoces tan bien…
-Que sé lo que vas a decir.
-Y tú eres tan…
-Parte de ti que te soy necesaria.
-Debo ser yo quien…
-Me consuma, quien me descubra.
-Por eso sé que haz venido…
-Por ti…
-Por mi…
La mejor forma que tuvieron ambos de conocerse y consumirse fue dejando al descubierto su alma, desnudando su corazón, rozando su piel y consumirse hasta la eternidad.

7:30 p.m.
-Sígueme Áluta.
A través de un duro camino de cemento un par de almas caminaron hacia
el final de su corto destino juntos.
-Detente. Cierra los ojos.
Siempre el tiempo es impredecible, igual que la nieve que caía en ese
momento. Las pequeñas plumas blancas que descendían del cielo rosa
hacían que la paz fuera invocada por el pensamiento.
-¿Será aquí, cierto…?
Durante la lenta bajada de los copos de nieve, un viento congelante
sopló hacia sus rostros, hizo que ambos cerraran los ojos y corriera una
lágrima...
-Si.
¿De qué modo despedirte de lo que te causó tanta felicidad y tanta alegría
en un tiempo tan corto? ¿Cómo deshacerte del sentimiento eterno?
¿Cómo alejar el motivo y la ilusión de tu vida? ¿Es correcto poner en tus
manos mi destino, sabiendo que jamás te volveré a ver? Lograste liberar
mi alma en uno solo de tus respiros, con tu cándido aliento…

-Todo fue tan lento y a la vez tan eterno. Quédate aquí conmigo.
-Siempre…
-Por favor...
Sus manos se deslizaron suavemente sobre la tersa piel de él, se despojó de su ropa e hizo que él tocara sus alas, que grabara táctilmente como eran, que las viera desplegarse majestuosamente. La vio caer de rodillas, vio sus alas llenarse de sangre que emanaba de ninguna parte, sólo ver como escurría a través de las lastimadas plumas traslúcidas.

-Ya es hora.-susurró levemente ella.
-¿Por qué?
-Una promesa.
-Gracias.
-Promete que no volverás a llorar, que no estarás triste…
-Mi promesa es que al menos lo intentaré.
-Recuerda que aunque me vaya, siempre te seguiré viendo.
-Adiós.
-Adiós.
Ella se puso de pie y dejó un rastro de sangre tras el camino por el que andaba. Corrió a la carretera. Cuando Áluta abrió los ojos la vio ir hacia el camino, la vio ser arrollada por un auto. Se puso en pie y corrió hacia ella para verla aun con vida.

-¿Estás bien?
-¿Qué hora es?-pronunció ella soltando un alarido con la boca y el cuerpo llenos de sangre.
-7:39.
-Aún tengo dos minutos más.
-Llamaré a una ambulancia- gritó el sujeto que la había arrollado, saliendo de su auto.
-Hágalo.
-Basta con poder verte una última vez Áluta… Eso me basta.
-Mi ángel, no te preocupes todo estará bien, lo ves, no tenías que irte aún.
- Son las 7:41, estoy en medio de la carretera y ocurrió un accidente- gritó nuevamente el sujeto a la operadora con quien hablaba por teléfono- son las 7:41, en la carretera fuera de la ciudad. Si. Es una emergencia, una chica salió herida…
-Lluvia…?


¿Por qué los ángeles descienden sólo a morir?
Porque inconcientemente les llamamos, porque nuestra tristeza los obliga a llenarnos aunque sea un instante de alegría, de compañía...

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